19 de marzo de 2023
El año pasado, con motivo del Día del Seminario, colaboraba por primera vez con Pueblo de Dios. Ya ha pasado este primer aniversario desde aquel 5 de marzo en el que se estrenaba mi ministerio por esta hermosa tierra de La Rioja. Bendito sea Dios.
En aquel primer número la mirada iba dirigida a los sacerdotes, “sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino”, como así se tituló, haciendo referencia especialmente a los mayores, los que más tiempo han estado bregando al servicio del Evangelio. Envejecer en una causa es garantía para todos los que se encaminan en esa dirección, por eso decíamos que se trataba de un testimonio vocacional indudable para todo el que se pare a considerarlo.
No sé cuántas de estas historias vocacionales conocen. Cuántas veces algún sacerdote les ha contado el modo en el que percibió cómo Dios lo llamaba a este camino concreto de consagración. Sería bueno que todos nosotros en algún momento, dijéramos cómo tuvo lugar aquel episodio que orientó nuestra vida, que lo volvamos a pasar por el corazón, como el que habla de su primer amor. Pregunten a los sacerdotes que conocen cómo supieron que Dios los llamaba a esta forma de vivir. Seguro que puede ser un buen momento para todos.
A lo largo de este año he tenido ocasión de confirmar en diferentes parroquias de La Rioja, y en todas ellas creo que no he dejado de repetir la necesidad de plantearnos con seriedad ante Dios la pregunta por la vocación, bajar nuestras resistencias y dirigirnos al Señor, que nos conoce mejor que nosotros mismos, y decirle qué espera de cada uno, si vida sacerdotal, vida consagrada, o vida laical, formando o no una familia.
Ojalá que hayan escuchado antes del día de la confirmación testimonios de los diversos modos de estar en la Iglesia, sabiendo que no hay una vocación mejor que otra, sino la que mejor responda a la petición del Padrenuestro: “hágase tu voluntad”. Y si además fuera un tema que se pudiera abordar y rezar en las familias sería una forma inigualable de proponer la vocación con toda naturalidad.
“Levántate y ponte en camino” es el lema del Día del Seminario de este año. Que muchos jóvenes entiendan que esta exhortación va con ellos. Toda la comunidad cristiana lo pedimos, y os animo a que así sea, con la certeza de los que ruegan “al dueño de la mies” para “que mande obreros a su mies”. Sin sacerdotes no hay Eucaristía. Sólo Dios sabe la necesidad que tiene este mundo de su Pan, cuánta mies está esperando ser atendida y nutrida por el alimento que no perece, cuántos los trabajadores que hacen falta para que la gente no desfallezca en los caminos de la vida.
Un recuerdo especial para los que trabajan en tantos seminarios de forma oculta, los que contribuyen a su sostenimiento, los que se preparan para el sacerdocio, y los que anidan en su corazón el deseo de serlo.
Termino con el final de la oración que se propone para esta jornada: Señor, ¡danos pastores según tu corazón! Voceros de tu voz, que se atrevan a decir a otros hermanos: “Levántate y ponte en camino”. Amén.








