11 de junio de 2023
Queridos lectores, cuando les llegue este texto, habrá tenido lugar la Jornada Pro Orantibus, es decir, por los que rezan, refiriéndose a los que han entendido que su vocación es la vida contemplativa, en alguna de las variadas formas en las que se expresa este estilo de vida en la Iglesia. Hombres y mujeres repartidos por el mundo, retirados de entre nosotros, de la vorágine habitual, para estar centrados en esta dimensión orante que señala silenciosamente al cielo. Son interrogantes continuos que nos sugieren la pregunta del sentido: ¿por qué están aquí, ¿qué hacen, a qué se dedican, qué pretenden? Si la fe los lleva a recluirse, sólo desde la fe podremos entender verdaderamente su intención, lo que no deja de ser un misterio, incluso para los creyentes.
En la película “Libres”, estrenada no hace mucho (si no la han visto ya, es una buena ocasión para ir a verla) se narra la vida de algunas de estas personas en diferentes monasterios españoles. El título puede resultar paradójico, porque habla de personas que desarrollan su vida en los límites de su clausura, y sin embargo, como pretende el título de la película, se muestran libres, tanto como para optar por este modo de vida, que contesta a las grandes cuestiones que toda persona en este mundo debería plantearse: quién soy, de dónde vengo, a dónde voy, el misterio del mal, del dolor, de la dicha, etc. Y como todo en la Iglesia, no están allí sólo por ellos, sino para los demás, en el nombre de Dios. A todos nos conviene que nuestras vidas están así de acompañadas No es casualidad que esta Jornada tenga lugar en la Solemnidad de la Santísima Trinidad, la esencia de nuestro Dios, capaz de llenarlo todo, y sostenerlo todo, como los monjes y monjas no cesan de recordar. También nosotros los recordamos, pedimos por ellos y nos mostramos sensibles a sus necesidades.
Este misterio de Dios es el que celebramos igualmente en el Corpus Christi, verdadera presencia de Cristo en el pan que se exhibe, mostrado y oculto al mismo tiempo en este sacramento. Como antes hemos dicho, sólo la fe desvela esta presencia, recibe su mensaje de amor y mueve a poner en práctica su significado, de modo que lleve a descubrir la necesidad en los demás y en tantas realidades que han de ser transformadas por esta mirada nueva.
Esta doble dimensión de la Eucaristía se manifiesta externamente en dos posturas que el cristiano no puede olvidar: ponerse de rodillas y mantenerse en pie. De rodillas, ante el reconocimiento del Señor, verdaderamente presente en el sacramento del altar. De pie, porque implica la determinación de la caridad, ante todo lo que signifique defender la sacralidad del ser humano en todas las circunstancias de la vida. Nada que ver con el voluntarismo sino con la consecuencia de la gracia que impulsa y acompaña cada acción. Quien lo vive así cae de nuevo de rodillas ante el que lo hace todo posible, para volverse a levantar en su nombre. La liturgia nos educa en el templo lo que nos exige en la calle. Se entiende, por tanto, que la festividad del Cuerpo de Cristo sea el día de la caridad, jornada a favor de Cáritas, en la que no hacemos sino continuar el ejemplo del Señor.
El sábado 17 de junio, Día de la Jornada Diocesana de Fin de Curso Pastoral, en el salón de actos del Seminario de Logroño, queremos repasar lo que hemos realizado a lo largo de este curso pastoral, mostrar de qué modo hemos vinculado la adoración y la acción a favor de los demás. Gracias por vuestra colaboración. Estáis todos invitados








