Julio – Agosto 2025
En el número anterior de Pueblo de Dios hicimos referencia a las actividades realizadas a lo largo de curso, con un doble objetivo, por una parte, caer en la cuenta del movimiento eclesial que se produce en nuestra Diócesis y, por otra, el interrogante indirecto que nos sugiere sobre nuestra participación en las tareas evangelizadoras de las que todos somos corresponsables por nuestro bautismo.
Este número pretende facilitar la información de lo más sustancial de lo emprendido en nuestra vida eclesial que no agota ese largo etc. de acciones muy concretas que están continuamente animando al bien.
Aunque ya tenemos preparado el Plan Pastoral para el próximo curso, gracias al buen hacer de los distintos equipos diocesanos, no lo daremos a conocer en estos momentos, para dejar que valoremos primero lo que hemos vivido y, como hemos indicado, cómo nos hemos situado ante ello.
Sin embargo, sí podemos adelantar algo que nos puede ayudar en nuestra preparación para el nuevo curso. El que nuestros planes pastorales sean anuales no significa que cambien de temática drásticamente, de modo que un año no reconozca al anterior, sino que se van entrelazando y poniendo de manifiesto en cada curso lo que se ofrece a toda la Iglesia universal, las iniciativas para España, y las que entendemos que necesita la Diócesis. El documento final del Sínodo Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión, que se nos entregó a la Iglesia en el mes de octubre pasado, es una lectura que engloba esas tres miradas que queremos atender y que será, sin duda, un documento a tener muy presente en el próximo curso como orientación de las líneas que deberíamos establecer en nuestra vida eclesial, en sintonía con toda la Iglesia.
El estilo de un documento eclesial no es el de una novela, sin embargo, bien puede convertirse en una lectura de verano, dedicándole sus tiempos, haciendo las anotaciones pertinentes y viendo de qué modo encaja lo que allí se indica con lo que sucede o podría suceder en la comunidad cristiana en la que me encuentro. El Papa Francisco, que lo aprobó y firmó, quiso que formara parte del Magisterio ordinario, expresándolo directamente, con la intención de evitar así que quedara como un texto más, resumen de una serie de encuentros mantenidos durante el Sínodo de los Obispos.
La intención del Papa era la de la aplicación, allí donde se pudiera, de las propuestas contenidas en el documento, con las adaptaciones propias de las características de cada lugar, pero con un mensaje claro a todos los obispos en las próximas visitas ad limina (en las que se da cuenta al Papa cada cinco años del estado de la propia diócesis), la determinación de “comunicar qué opciones se han hecho en la Iglesia local que le ha sido confiada en relación con lo indicado en el Documento final, qué dificultades se han encontrado, cuáles han sido los frutos”.
Esta será, por tanto, una de las tareas que tenemos encomendadas para el próximo curso, de modo que entremos con buena disposición a conocer este documento, para que sepamos extraer de él lo que más nos ayude a nuestra realidad diocesana, confiándonos a la acción del Espíritu que conduce a su Iglesia. El Papa León XIV nos ha confirmado, en la línea del Papa Francisco, que la sinodalidad sigue siendo el estilo de la Iglesia de nuestro tiempo. Unidos en la oración, feliz verano para todos.








