Diócesis de Calahorra y La Calzada Logroño

El tiempo pasa rápido y, aunque el anuncio oficial de la visita del Papa a España se hizo en febrero de este año, meses antes corría ya de modo oficioso esta posibilidad. En cualquier caso, es un acontecimiento que esperamos disfrutar a partir del próximo fin de semana, cuando está programado que aparezca este nuevo número de Pueblo de Dios. Sirva este artículo de bienvenida y agradecimiento al gesto del Papa León de querer visitar nuestro país unas semanas después de su primer aniversario al frente de la Iglesia Católica.

Creo que la reacción que haya provocado el anuncio de la presencia del Papa en nuestro país indica también cómo nos encontramos cada uno con relación a la fe y a la forma de entender la realidad eclesial. Hay cuestiones ideológicas y otras de orden práctico para valorar esta visita, que tendrá, como otras, aglomeraciones, cortes de tráfico, gastos de organización, etc., sobre las que se podrá opinar, comparándolas también con otros eventos artísticos, diplomáticos, deportivos, religiosos, etc., que se organizan en nuestras ciudades con una respuesta de público que varía según los seguidores de cada causa.  

Otro dato que no puede pasar desapercibido es el rastro que dejan estos eventos, tanto en las cosas, como en las personas: balance económico, respeto a las instalaciones, ánimo de la gente, mensajes emitidos, … elementos que contribuyen o degeneran el buen clima de convivencia que todos deseamos. Los disturbios que se han producido en París y en otros lugares de Francia este fin de semana pasado, tras la final de fútbol de la Champions League, con cuantiosos destrozos, una víctima mortal, más de 200 heridos y cerca de 800 detenidos es un ejemplo de lo que no queremos para nuestras ciudades y que es un gran motivo de reflexión.

En el artículo de Pueblo de Dios de febrero titulado “Bienvenido”, aunque todavía no era oficial la visita del Papa, procuraba animar a su preparación para que el encuentro no nos llegara de repente, sino que lo hubiéramos podido acoger de la mejor forma posible. Aconsejábamos entonces, además de la necesaria oración, asomarnos a su magisterio, fácilmente accesible a través, por ejemplo, de la página web oficial del vaticano (www.vatican.va), y también de alguna lectura particular sugerida por el propio León XIV.  

Desde entonces, hemos tenido bien presente en la Diócesis, a través de diversos encuentros de oración, la visita del Papa. La celebración de Pentecostés fue un momento de particular adhesión de las distintas realidades diocesanas, unidas por esta intención, tanto en las misas de ese día, como en las vigilias organizadas con motivo de esta festividad, como la que tuvo lugar en la Concatedral de La Redonda.  

Y, por si fuera poco, en estos días de atrás se ha publicado la encíclica Magnifica humanitas, en la que el Papa ha querido plantear la inquietud y el reto que supone la inteligencia artificial (IA) en el desarrollo del ser humano. Aunque tendremos que degustarla para extraer toda su enseñanza, no deja de ser un aliciente de última hora para ahondar en la propuesta del Santo Padre ante las exigencias de nuestro mundo.

Si la liturgia ya nos une al Papa, nombrándolo en cada Eucaristía, lo hacemos, si cabe, de forma más consciente en estos momentos en los que viene a estar con nosotros, para que su presencia repercuta al estilo del amor de Dios dentro y fuera de la comunidad eclesial, en nuestro país y más allá de nuestras fronteras. ¡Lo esperamos, Papa León!

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