27 de noviembre de 2022
El domingo 27 de noviembre estrenamos año, como indicamos en el artículo anterior de Pueblo de Dios. La Iglesia, en su pedagogía, comienza a relatar los acontecimientos de la salvación con el Adviento, la primera etapa de este nuevo Ciclo Litúrgico. Nada más empezar éste, ya nos está anunciando el destino último al que nos dirigimos, la vida eterna, y el compromiso de Dios para este fin, haciéndose presente en nuestra historia a través de la Encarnación, que inaugura el nuevo modo de vivir y de acceder a nuestra meta. Aprovechamos este primer anuncio que pregona el Adviento para resaltar uno de los objetivos de nuestro Plan Pastoral para este curso: “el Primer Anuncio”.
Con la inclusión de este objetivo quisimos unirnos a la intención de aquel Congreso de Laicos del año 2020 en el que se extrajeron cuatro líneas de acción para los años sucesivos, que quedaron truncadas inicialmente por causa de la pandemia. Una vez normalizada la situación, la Conferencia Episcopal a través de la Comisión para los Laicos, Familia y Vida, propone abordar esta primera línea de acción de forma especial, sin dejar de atender el resto de itinerarios que se indicaron (acompañamiento, procesos formativos y presencia en la vida pública).
Esta intención ha de ser conjugada con el trabajo que toda la Iglesia está realizando con relación a la sinodalidad, por expreso deseo del Santo Padre, y que fue también uno de los ejes centrales que marcaron el mencionado Congreso de Laicos, junto con el discernimiento.
¿Pero qué entendemos, propiamente, por Primer Anuncio? Dentro de las distintas matizaciones que se puedan ofrecer, el Primer Anuncio es el anuncio explícito del contenido de la fe cristiana, ofrecido a los que todavía no conocen a Cristo. Tiene un nombre técnico: kerigma. Es la base del mensaje que la Iglesia ha recibido del Señor y debe comunicarlo, porque obedece a su entraña más profunda, el dar a conocer lo sucedido con relación a Jesucristo y las consecuencias que esto tiene para todas las personas, sin distinción de ningún tipo.
El Papa Francisco lo explica así en Evangelii Gaudium: “Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte y ahora está vivo a tu lado cada día para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte” (EG 164). Y más adelante indica las características de este anuncio: “que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad y una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas, a veces más filosóficas que evangélicas. Esto exige al evangelizador ciertas actitudes que ayudan a acoger mejor el anuncio: cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena” (EG 165).
Todos los bautizados estamos llamados a interiorizar esta afirmación del Primer Anuncio o kerigma en nuestra propia vida, y ofrecerla a los demás, según las características señaladas. Es una de las tareas que nos hemos dado para este curso. Pensemos de qué manera está sucediendo en nuestras realidades eclesiales y en los ambientes en los que cada uno se desenvuelve.








