Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño

HACIA LA LUZ

30 de noviembre de 2025

Este domingo 30 de noviembre es año nuevo, y no se trata de una errata. Es un dato fidedigno de nuestro calendario litúrgico que tiene otros ritmos de los que presenta el calendario civil, un signo más del modo en el que los cristianos participamos del tiempo. Dos calendarios que a lo largo de la Historia se han ido entreverando según el despliegue de las celebraciones de nuestra fe.  

La educación de nuestra concepción creyente de la vida pasa por la comprensión del tiempo, distribuido según una pedagogía que pretende ayudarnos a entender el plan de salvación de Dios, repetido año tras año, con los matices de cada uno de los tres ciclos litúrgicos con los que la Iglesia avanza hacia su destino final.

La solemnidad de Cristo Rey marca el final de un periodo anual, un reino que no termina con la muerte en la cruz, sino que anuncia la vida, manifestada en el comienzo de un nuevo año, con una primera etapa que no puede pasarnos desapercibida, el tiempo de Adviento, recordatorio sintético de hacia dónde vamos y preparación para la acogida del Señor de la Historia, que es quien nos conduce a nuestro feliz término.

Este tránsito es señalado simbólicamente con la luz, que se presenta tímida en un primer momento, y que va incrementándose con el paso de las semanas hasta que dejan de señalar el camino, porque el Salvador, personificación del verdadero camino, que es la misma luz, se presenta entre nosotros a través de una mujer, como un ser humano más. Del mismo modo que un fogonazo nos deslumbra porque no podemos asimilar de forma repentina la intensidad de la luz, sino que necesitamos de una adaptación progresiva para poder incorporar el efecto de este estímulo, la pedagogía de la Iglesia nos propone el tiempo de Adviento para tomar conciencia de que caminamos hacia la Luz. Los que estamos sometidos al tiempo y al espacio requerimos de esta la preparación que no debe ser anulada como si se tratara de un intervalo sin sentido. Como en otros ámbitos de la vida, si no hacemos ninguna propuesta durante este trayecto, ya se encargarán otras instancias de rellenarlo y no precisamente como preparación al gran Acontecimiento de la Historia sino hacia un gran despiste aprovechándose de la universalidad del misterio que cada año celebramos.

Es una ocasión perfecta para disponernos a preparar el Adviento que, como inicio de una nueva etapa, puede ir precedida del balance de lo que ha supuesto el año anterior, un primer ejercicio saludable con mucho para agradecer y para señalar lo que ha de ser vencido. Si es algo muy conveniente siempre, en Adviento puede tener una consideración especial a tener en cuenta cada día, de forma personal o en familia. La cercanía con la Palabra de Dios, ya que es la Palabra misma la que esperamos, es otro modo de disponernos. Y si el que viene se ha identificado con los más necesitados, estos han de hacer acto de presencia en nuestra vida. La lectura de Dilexi te, del Papa León XIV, seguro que nos da pistas para el ejercicio de la caridad, así como las conclusiones del último informe FOESSA de Cáritas. El conocimiento de los posicionamientos de la Iglesia con relación a la dignidad de la persona, la inviolabilidad de la vida humana, la mirada auténtica y no sesgada de nuestra memoria histórica, y tantas otras cuestiones a las que podemos acceder a través de nuestros canales oficiales de comunicación, son ejemplos de preparación del corazón para este tiempo de gracia. Que no se nos escape. Feliz tiempo de Adviento.