18 de septiembre de 2022
El pasado sábado 10 de septiembre nos encontramos en el Monasterio de Valvanera para dar por inaugurado oficialmente nuestro curso pastoral. Perdonad si al cambiar del domingo al sábado, anunciado con poca antelación, a algunos se os trastocaron los planes y no pudisteis asistir, pero parecía que el sábado favorecería más la convocatoria. Si Dios quiere, el año que viene volveremos a repetir esta fecha para el lanzamiento de la propuesta pastoral del curso. Por lo menos, anunciándolo en estos momentos, hemos ganado en antelación.
El evangelio que se leyó, correspondiente a la misa de la fiesta de la Virgen Valvanera, fue el de las bodas de Caná, y comentamos entre otras cosas la intervención de la Virgen María, con su famoso “no tienen vino”. Sabemos que cada frase de la Escritura tiene la capacidad de ofrecernos una gran riqueza de sugerencias que nos pueden ayudar a recolocar nuestra vida para que se ajuste más adecuadamente a lo que Dios quiere. De ahí que volvamos a insistir en alguna de las posibilidades de esta afirmación de la Virgen.
Si analizamos nuestra vida cristiana, ¿dónde creemos que se encuentra debilitada? ¿Dónde faltaría ese “vino” que es signo de alegría, de sentido, de luz, de…todo eso que notamos ausente en nuestra propia persona y en los lugares donde vivimos nuestra fe? Y no sólo como diagnóstico, que necesariamente ha de darse, sino como respuesta; qué podemos hacer para que no quede en un lamento inútil, sino en el comienzo de alguna acción que termine por cambiar en mayor o menor medida lo que echamos en falta.
El “no tienen vino”, como una carencia, es un estado que invita a sugerir el lema de este curso: “ven y verás”. Porque detectamos la necesidad, lo que ya indica una sensibilidad, sugerimos desde la fe lo que podría ofrecerse.
El planteamiento de los objetivos del curso, pretende ser un estímulo que ayude a orientar nuestras energías en una dirección, y como consecuencia, detectar las lagunas que pudiéramos encontrar en estos terrenos donde queremos incidir especialmente, sabiendo que no dejamos de atender el quehacer diario que queda incluido en cada propuesta anual.
Hemos hablado en nuestros objetivos de primer anuncio, de liturgia (especialmente referida a la eucarística), de ministerios laicales, de medios de comunicación diocesanos, de arte sacro, de reorganización eclesial, de la necesidad de formación, etc. Interroguémonos, como indicábamos más arriba, sobre nuestro estado y obremos en consecuencia. Conozcamos lo que se nos ofrece, y participemos según nuestras posibilidades, sugiramos lo que necesitemos, sintámonos partícipes, miembros activos de nuestras comunidades para que se dé el crecimiento en esa doble vertiente del “ven y verás”, la consolidación de la experiencia y el ofrecimiento de lugares donde vivirla. De esta manera la necesidad detectada, la falta de “vino”, será una ocasión para probar el resultado de su transformación, “el vino bueno”, que siempre estará presente en la Iglesia.








