12 de febrero de 2023
Burundi, Guatemala, Vietnam, Tanzania,…y tantos otros países, que a pesar de sus diferencias en muchos aspectos, cuentan con algo en común: con la ayuda de manos generosas venidas de lejos, dispuestas a trabajar con ellos, participando de su vida, de sus necesidades, de sus proyectos. No son manos ociosas sino bien dispuestas para la ayuda. Son Manos Unidas.
No sé si a estas alturas habrá alguien que no identifique con este nombre a la famosa ONG católica, surgida del sueño intrépido de unas señoras en una parroquia de Madrid, que se preguntaron hace más de 50 años qué podían hacer ellas para paliar el hambre en el mundo. Se atrevieron a poner en marcha, con la locura de la fe, un modo concreto de recordar que el cielo se siembra en la tierra, para transformarla con la dignidad que viene de lo alto. Y se pusieron manos a la obra. Colectas con destinos concretos, atención a realidades particulares, proyectos bien definidos, y luego más proyectos y más lejos, con la capacidad de implicar a mucha buena gente que no quería quedarse mano sobre mano, sino tocar con su ayuda a la mayor cantidad posible de necesidades.
Aquellas señoras habían visto la realidad con una mirada trascendente, es decir, la que descubre que, tras la obviedad de lo real, se esconde un significado más profundo, que es el que las animaba a intervenir. Es lo propio de la mirada de fe, que va más allá de la apariencia, capaz de percibir el valor de lo que permanece oculto. Veían a Dios en la necesidad, y en ellas, empujándolas a actuar.
Un ejemplo de lo que decimos nos lo ofrecía el evangelio de uno de estos días. Estando Jesús en su pueblo, hubo paisanos suyos que pleitearon con él, con “el hijo del carpintero”, sin llegar a percibir lo que se escondía tras aquella humanidad, la presencia del mismo Dios. La “mirada de la tierra” se quedó con lo evidente: su profesión, su familia, etc., sin llegar a entender la pretensión de Jesús, el sentido de sus gestos y sus palabras, porque les faltó “la mirada del cielo”, aquella otra mirada que profundiza en toda experiencia buscando su pleno valor.
Esta es la mirada, como hemos dicho, que habían percibido aquellas mujeres al iniciar sus actividades. Este es el reto que nos ofrecen cuando secundamos sus acciones. Quien pone en práctica el bien queda configurado por éste, percibe su huella, su consuelo y puede llegar a descubrir el sentido trascendente que lo acompaña.
Quienes reciben la ayuda de Manos Unidas pueden descubrir del mismo modo el sentido profundo del mensaje, la asistencia que estaban necesitando y la presencia providente de Dios que se introduce en la realización de los proyectos que se realizan.
Manos Unidas nos recuerda con una campaña más, este año titulada “Frenar la desigualdad está en tus manos”, que también nosotros podemos contemplar con mirada trascendente lo que ocurre a nuestro alrededor, tanto las situaciones de necesidad que podamos percibir, material e inmaterial, como los detalles que otros nos dispensan, de modo que sepamos responder según nuestras posibilidades, que, como hemos visto, Dios sabrá fructificar.








