Enero 2026
Algunas lesiones tienen lugar al empezar a practicar un deporte sin el debido calentamiento. Pues parece que estos ejercicios que preceden a una actividad van a ser necesarios, no solo en el deporte, sino en situaciones habituales como puede ser abrir un periódico o empezar a ver un telediario, porque si uno se adentra sin más a estas operaciones puede resultar dañado. Quizá convendría hacer alguna consideración previa del estilo: vamos a ver qué se dice, cuál es el dato, qué interpretación se hace del mismo, y en qué fuentes podría uno contrastarlo.
Siguiendo estos días las noticias sobre el acuerdo del Gobierno con la Iglesia Católica en España sobre la atención a las víctimas de abuso, uno no salía de su asombro por lo que se decía o por lo que se aprovechaba a decir teniendo a la Iglesia en la palestra. El que no se haya quedado con el borbotón del momento y haya acudido a los cauces oficiales de la Iglesia se encontrará con un relato que poco tiene que ver con el expuesto en diversos medios. Entiendo, por otra parte, que esto no suele ocurrir, sino que el impacto y la sensación mostrada conjugando imagen y palabra dejan ya la sentencia pronunciada.
¿Tan difícil es contar lo que ha sucedido? Según indica el título del pacto, se trata de un “acuerdo entre el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, La Conferencia Episcopal Española, y la Conferencia Española de Religiosos, por el que se establecen las bases para el cumplimiento de la recomendación del Defensor del Pueblo relativa a la reparación de las víctimas de abusos sexuales producidos en el ámbito de la Iglesia Católica que han prescrito o para los que se ha extinguido la acción penal”.
Esto está diseñado para las víctimas que no quieren acudir, por la razón que sea, a los medios que la Iglesia ha puesto a su alcance, ya sean las oficinas abiertas a tal efecto en las diócesis o las de las congregaciones religiosas, o la iniciativa eclesial llamada Plan de Reparación Integral de la Víctimas de Abuso (PRIVA), que supera de forma novedosa los dos elementos que impone la ley, la muerte del victimario y la prescripción del delito; pues dándose alguno de estos casos, o los dos, se estudia la solicitud de la víctima por parte de un equipo de profesionales independientes y deciden autónomamente el tipo de reparación. De los más de 100 casos que han llegado a esta Comisión ya hay resueltos un 60% aproximadamente, con un valor cercano a los 2 millones en indemnizaciones.
Para que no haya ninguna víctima que quede fuera del amparo que debería haberles otorgado la Iglesia en su momento, además de los medios ya indicados, por responsabilidad moral, se ha querido dar este paso para atender a aquellas víctimas que, como hemos dicho, quieren dirigirse a la Iglesia, pero a través de otros intermediarios, como puede ser, en este caso, la figura del Defensor del Pueblo. Además, que la indemnización que puedan percibir esté exenta del impuesto sobre la renta, como figura en el acuerdo.
No hay, por tanto, ni presiones del Vaticano, ni imposiciones gubernamentales o legales, ni una rectificación eclesial, etc., sino sólo el deseo de colaborar en una realidad dolorosa que todos lamentamos, y más, en el caso de la Iglesia, donde el peor pecado (además de delito) es el de arremeter contra un inocente, lo que lleva consigo el juicio más duro que Jesús indica en el Evangelio.
Ojalá que el Gobierno contara con muchos de estos acuerdos con todas las entidades sociales (lo que, por cierto, se indica en el acuerdo firmado) y que pudieran presentar sus protocolos de actuación y reparación de cara a la protección de las víctimas, ya que recogen la práctica totalidad de los abusos a menores que se cometen en España, cuyas cifras, desgraciadamente se cuentan por varios miles de casos anuales según los datos que maneja la Fiscalía del Estado.
Lo repetiremos las veces que haga falta: un solo caso clama al cielo y debe contar con todo el respaldo de la justicia y de la ayuda que se requiera, más si es debido a la responsabilidad eclesial.
Si el lector ha llegado a estas alturas del artículo y quiere poner en práctica el ejercicio saludable que decíamos al principio, puede contrastar lo que hemos expuesto aquí en los medios que considere, también los de la Conferencia Episcopal Española, donde sí se ha recibido y hablado con las víctimas.





