Diócesis de Calahorra y La Calzada Logroño

26 de marzo de 2026

RETAZOS DE SEMANA SANTA

Saludos

Queridos todos los presentes en este tradicional pregón de Semana Santa, que quiere contribuir a la preparación inmediata de la celebración de los acontecimientos centrales de nuestra fe, que, como sabemos, son la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Agradezco a todos los que colaboráis de una u otra forma para que la Semana Santa se pueda vivir en todo su esplendor en Logroño y tenga la repercusión a la que ha llegado, gracias al esfuerzo y la vivencia de muchas generaciones de cofrades, a toda la realidad diocesana, y a las autoridades que contribuyen con su servicio al buen desarrollo de estos días de celebración.

Saludo cordial a las autoridades que nos acompañan.

Saludo igualmente cordial y agradecimiento al párroco de esta Parroquia de Santiago que nos acoge un año más, a D. Fermín Labarga por su tarea en el ámbito cofrade de nuestra Diócesis y a la Hermandad de Cofradías de la Pasión de Logroño, que aglutina a las once cofradías que procesionan estos días, y a sus aproximadamente 3.500 cofrades. Gracias por la invitación para la proclamación de este pregón. 

Quisiera también saludar y agradecer su dedicación a cada uno de los Hermanos y Hermanas Mayores y miembros de las Juntas de estas cofradías que forman parte de la Hermandad y a sus respectivos cofrades. Las nombro a continuación y así todas aparecen en el pregón, como mínimo una vez:  

-Entrada de Jesús en Jerusalén.

-Flagelación de Jesús.

-Sta. Cruz.

-María Magdalena.

-Jesús Nazareno y Ntra. Sra. de los Dolores.

-Siete Palabras y el Silencio.

-Santo Cristo de las Ánimas.

-Descendimiento de Cristo.

-Nuestra Sra. de la Piedad.

-Santo Sepulcro.

-Ntra. Sra. la Virgen de la Soledad.

También al resto de Cofradías y Hermandades de Logroño, incluidas las que se están gestando, y las de otros lugares que nos acompañáis en esta noche, gracias por todo lo que hacéis en favor de todos.

Al poco de llegar a la Diócesis (se han cumplido ahora 4 años) me propusieron ofrecer este pregón en nuestras tres sedes, en Calahorra, en Sto. Domingo de la Calzada y aquí en Logroño, lo que agradezco de verdad, pero parecía conveniente que primero conociera de alguna manera cómo se vivía la Semana Santa en cada ciudad para luego poder decir algo al respecto.

El hecho de asistir cada año a diferentes celebraciones y procesiones de la Semana Santa, gracias a la rotación por las tres sedes catedralicias y otros lugares de La Rioja, me ha permitido hacerme una idea más adecuada de la vivencia de estos días. Por esta razón, ya me sufrieron el año pasado el pregón en Calahorra, este año lo soportan aquí en Logroño, y, Dm, el año que viene le toca el turno amenazador a Sto. Domingo de la Calzada.

Agradezco, como decía, esta invitación, que me ha servido de consideración de lo que celebramos y, por tanto, de preparación personal para la Semana Santa. Recomendaría este ejercicio a todos: la elaboración de un posible pregón particular que resaltara la vivencias de cada uno en estos días, los recuerdos que se guardan y que brotan de repente ante una imagen, en una calle, con una música … personas con las que hemos compartido estos momentos, algunas quizá que ya no están con nosotros y las recordamos especialmente en estas circunstancias. Este posible pregón particular sería una ocasión para repasar las anécdotas, las experiencias de fe que hemos tenido, los sentimientos que han aflorado, las súplicas que hemos hecho y así, tantas vivencias que se quedan en el silencio de la procesión o en la tempestad de los tambores.

Era lo que estaba pensando al recorrer hace unos días la exposición, en El Espolón, del 60º aniversario de la 1ª salida de la cofradía de Las Siete Palabras y el Silencio, en la que se me iba narrando el desarrollo de la cofradía, la implicación de la gente, la transformación de la ciudad, la historia de lugares concretos, la transmisión de una tradición que mantiene viva la fe, la ilusión de diferentes generaciones de cofrades. Enhorabuena.

También por el aniversario de la cofradía de La Flagelación, nacida como un servidor en 1966. En definitiva, cada cofradía podría hablar de su propio recorrido histórico, de su particular aportación a la vivencia de la Semana Santa de Logroño y la de otros lugares en los que se haya participado.

Un mensaje para mí

Las procesiones de Semana Santa tienen su propio lenguaje, que, como otros idiomas, supone comprender su significado y percibir lo que particularmente pueda decirnos a cada uno. Merece la pena ayudar a interpretar esta simbología para no quedarse al margen de su rico mensaje.

Hemos de entender los bailes de los pasos, los saludos entre ellos, o el hecho de acompañarlos en su itinerario; los giros de 360º en las encrucijadas de las calles; los tiempos de silencio; la música; el ritmo e intensidad de los tambores; las saetas; los ensayos solidarios que hablan de la dimensión social de las cofradías; los acercamientos a un hospital u a otra institución; el recorrido público por las calles de la ciudad, con todo lo que supone; el sentido de cada levantá (que recuerda a personas y situaciones que se hacen presentes en ese momento); las vestimentas, los emblemas, etc. Todo habla.

En cuanto a los emblemas de las cofradías de la Hermandad de Logroño, además de la cruz que es el signo por excelencia que los engloba a todos, se muestran otros que son reflejo de la cruz, y cuya simbología hemos de traducir igualmente: cuerdas, flagelos, clavos y coronas de espinas. Son ocasión para saber con lo que nos hacemos daño, ya sea por acción o por omisión; quizá no sean elementos que por sí mismos maten, pero sólo Dios sabe el sufrimiento que generan y hacia dónde nos conducen. El flagelo de nuestros gestos y palabras que recorren la vida de las personas, ya sea con fotos o con mensajes de whatsapp; interpretaciones particulares o situaciones concretas que fijan a los demás como las sogas y los clavos, o determinadas formas de pensar que despersonalizan y, como las espinas, hacen sufrir de muchas maneras. Quien contempla a Jesús maltratado puede caer en la cuenta de lo que puede producir en una persona nuestra violencia, aunque a veces parezca educada o en clave de humor. 

Todos esos lenguajes quieren hablarme a mí. Se pronuncian para cada uno de nosotros. Nadie que se asome estos días a las manifestaciones públicas de la fe, ya sea en la calle o dentro de los templos, puede decir que son acontecimientos ajenos a uno mismo, ya que, como nos recuerda San Pablo, lo que sucedió con Jesús de Nazaret, fue “porque me amó y se entregó por mí” (Ga 2,20).

Cualquier persona, sea su situación la que sea, puede sentirse incorporada en cualquier momento a estas escenas de la pasión y entender que aquello que se está mostrando no es ajeno a su vida, sino que le afecta directamente.

Por eso, toda la preparación y puesta en escena de los distintos pasos, los quebraderos de cabeza, los inconvenientes que siempre surgen, los contratiempos de última hora, la ilusión por participar en las cofradías, las colaboraciones que permiten que todo salga adelante, la participación en los actos, etc., no deja de ser una invitación y un recordatorio particular que expresa públicamente que este mensaje que se escenifica tiene sentido, tanto para la personas que lo realizan como para los que llegan a percibirlo. Todos podemos pensar, y así hemos de hacerlo, que todo lo que se organiza es para mí, por mí, porque Jesús, que se entrega por cada uno, quien da sentido a lo que celebramos, así lo ha querido.

Considerémoslo por un momento: La Semana Santa se organiza para mí, para ti, para cada uno, para que reconozcamos nuestra dignidad, el precio que se ha pagado por cada persona de este mundo.

Según esto, podemos decir que la Semana Santa nos pertenece a cada uno, no ya por lo que colaboramos con ella, sino porque todos estamos incluidos en el precio de la entrega del Señor, ya seamos más conscientes de este vínculo, o lo vivamos como algo ajeno a nuestra vida.

En cualquier caso, podemos afirmar que la vida de cada persona, esté como esté, es sagrada a los ojos de Dios. Aceptémoslo, y pensemos cómo podemos responder a este don, a este regalo definitivo.

En este sentido, quiero agradecer el piquete (de los buenos) de las diferentes cofradías que participaron, el sábado pasado, en la Jornada por la Vida, organizada por la Diócesis en El Espolón.

Tiene pleno sentido que los que os congregáis para acompañar las escenas de la pasión de Cristo, que entrega su vida para nuestra salvación, animaseis con vuestra presencia todas las situaciones que queríamos manifestar: el respeto a la vida durante su gestación, la ancianidad, las situaciones de tantos migrantes, los conflictos armados que nos asolan, los enfermos, la dignidad en el trabajo, la discapacidad física o mental, la eutanasia (desgraciadamente de actualidad con el caso dolorosísimo de la joven Noelia, a quien se aplicaba la eutanasia esta tarde, D.E.P.)… No podemos contraponer unas situaciones vitales a otras, o elegir sólo algunas, sino defenderlas todas.

Debe ser que no nos hemos señalado lo suficiente, a pesar de los tambores y la megafonía y los cientos de personas congregadas (y contar con la presencia del Sr Alcalde junto con algunos miembros de la corporación municipal) porque ningún medio se ha hecho eco de esta concentración. Curiosamente otra convocatoria muy minoritaria, al lado de la nuestra, tuvo mucho más éxito mediático.

Queridas cofradías, contamos con vuestra presencia para la convocatoria de la Jornada por la Vida del próximo año.  

La centralidad de nuestra fe

Las once cofradías de la Semana Santa de Logroño recogen cronológicamente distintas escenas de la pasión, y reproducen con el lenguaje de la piedad popular la génesis de los Evangelios, que empezaron precisamente por la confección de los textos procedentes de la pasión del Señor. La densidad de estos días santos es la respuesta de fe del pueblo cristiano, que ha entendido la centralidad de los últimos días de Cristo, donde se cuaja la Hora final de la salvación, como se mostró también su inicio con el nacimiento del Salvador. 

El pasaje evangélico de cada paso

Les voy a decir una obviedad, algo que todos sabemos: los pasos que contemplamos son la expresión artística de un pasaje del Evangelio o de una escena que perfectamente pudo tener lugar, aunque no esté reflejada en los textos sagrados. Se podrían representar artísticamente de otra manera. Hay tantas formas de imaginar una escena como personas que lo consideran, y del mismo modo que las personas cambiamos, también puede cambiar el modo de imaginarnos la misma escena, o de percibir elementos que en otro momento no habíamos descubierto. Cuando S. Ignacio de Loyola en sus Ejercicios nos habla de la “composición de lugar” nos anima precisamente a imaginar la escena evangélica según nuestra propia inventiva, que nos hace particularizar ese momento para nuestro provecho espiritual.

Seguro que ya lo hacéis, pero creo que leer y releer en oración el pasaje evangélico que da lugar a cada paso es algo necesario para los cofrades y para todos. También el hecho de gastar un tiemplo contemplando en silencio la imagen concreta, percibir su mensaje, dejar que nos hable y nos lleve a un diálogo interior con ella. Son ejercicios que pueden contribuir a interiorizar el misterio que revela cada paso, una ocasión de enriquecimiento personal, de sentido de la procesión, para que todo lo que ocurra en ella sea un momento de oración, de ofrecimiento, como ya hemos indicado, ya sea a través de la música, como miembro de la banda, como costalero, como cofrade revestido con el hábito o como el participa de otra manera en la comitiva.

La genial iniciativa de acercar las imágenes a personas con discapacidad, para que puedan tocarlas y percibirlas de cerca, es un gesto de inclusión muy propio de la intención de la Semana Santa de abrazar a todos. Enhorabuena.

Las cofradías asumís una gran responsabilidad al procurar transmitir la fe que es la que da sentido a vuestra existencia.

Por tanto, el cofrade, como todo cristiano, está llamado a conocer la Escritura, según hemos indicado, a formarse en la fe, a practicarla: en la oración, los sacramentos y el testimonio de vida, allá donde se encuentre, a vivir “las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente, lo que permitirá el encuentro transformador con Cristo de corazón a corazón, como dice un reciente documento de la Conferencia Episcopal Española[1].  

Vayamos ahora a situarnos en alguno de los momentos que nos ofrecen los pasos. No podemos mencionarlos a todos. Siento que me dejo muchas imágenes, gestos y palabras de Jesús. Me permito el acercamiento a alguno de ellos, sabiendo que forman parte de un conjunto al que todos contribuyen.

El Domingo de Ramos

Dm, participaré en esta procesión aquí en Logroño este año (como decíamos antes, el rotar por las otras sedes hace que no haya podido estar en todas las procesiones de todas las sedes y de otros lugares de La Rioja).

Uno de los pasos de la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén, es La Borriquita (propiamente es un pollino, un borriquito, según el Evangelio), que aparece por primera vez en escena en el texto que se lee el domingo de Ramos, al empezar la procesión: “Mientras desataban el pollino, los dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? Ellos dijeron: El Señor lo necesita”. Quisiera subrayar esta afirmación: El Señor lo necesita. Esta frase contundente de Jesús habla de su propia misión; en este sentido “El Señor” se refiere al Padre, y, por tanto, a la voluntad de Dios, y por eso Jesús obedeciendo al Padre va a entrar en Jerusalén, el lugar de su pasión.

Por otra parte, el Señor, propiamente, no necesita de nosotros, pero no quiere hacer nada sin nosotros, porque quiere que participemos con Él en su obra de salvación. Esta frase de “El Señor lo necesita”, nos hace preguntarnos qué hay en nuestra vida que el Señor pueda querer: ¿será el perdón que no he dado, la fidelidad que he de guardar, la enemistad que debo resolver, el control de mis impulsos, ser más libre…? Cada uno sabrá…  respondámonos después de haber pensado nuestras carencias, a modo de letanía: “el Señor lo necesita” y entreguemos aquello que nos sigue atando y no nos deja vivir en paz. Una forma de procesionar, que a mí me ayuda, con el paso de La Borriquita es cuestionarse qué puede pedir de nosotros el Señor, qué resistencias nos encontramos y pedir su ayuda para poder responderle mejor. No deja de ser una propuesta más para la procesión el Domingo de Ramos.

Los encuentros

Una las escenas más elaboradas en los días de Semana Santa que yo he vivido aquí es la del Encuentro del Nazareno y la Dolorosa, el Miércoles Santo por la noche, (que por cierto este año no podré repetir ya que con la idea de la rotación estaré Dm en Calahorra este día).

Es tremendamente evocadora esta escena, que, aunque no aparece como tal en los evangelios, ha quedado marcada en la piedad del pueblo cristiano.

Me impresiona por la cantidad de sugerencias que ofrece, desde el acercamiento paulatino de la Madre y el Hijo, que supone el acercamiento de todos nosotros, los que vamos en una dirección y en otra; cómo la Providencia nos va trazando el camino para confluir en un encuentro, con la agitación de los tambores, que bien puede expresar nuestro estado emocional, de un corazón que se desborda ante un reencuentro deseado, como el de Jesús y la Virgen, en un contexto de dolor.

Por analogía, reconocemos la realidad de tantas personas que, por razones ajenas a su voluntad, se ven separadas pero que se pueden volver a abrazar, y de otras que, por desgracia, todavía no lo han logrado o no podrán hacerlo, por haber sucumbido ante las situaciones injustas de sus gobiernos, la persecución religiosa, migraciones, guerras, etc.

También nos acordamos de los que mantienen la distancia provocada por las desavenencias familiares, ideológicas, o de otra índole, con el deseo de que cuanto antes pueda producirse un acercamiento y un perdón que reconduzca el dolor de la separación. Contemplar la escena del Encuentro es pedir que volvamos a encontrarnos los que estamos distanciados.

La Cofradía de Ntra. Sra. de la Piedad nos ofrece otro encuentro, tremendamente dramático.

Aunque tampoco aparece en los evangelios, el pueblo cristiano ha entendido que quien había estado al pie de la cruz suspirando por su Hijo pudiera recibirlo, totalmente roto, en su regazo. Un Hijo entregado, rendido, que no se ha reservado nada para llevarnos a todos a la gloria. Su entrega cuestiona nuestras reservas, las de cada día, las que buscan el propio interés y no el de los demás según la voluntad de Dios. Ojalá pudiéramos nosotros llegar al final de cada día y al final de nuestros días así, rendidos después de haberlo entregado todo con la mejor intención, con el amor que hayamos podido ofrecer.   

Me queda por presenciar en Logroño un tercer encuentro, que tampoco figura en los evangelios y, sin embargo,  casa perfectamente con lo que podría haber sucedido, el encuentro que tiene lugar entre la Madre y el Hijo resucitado, que he presenciado en otras procesiones en La Rioja, preludio del encuentro definitivo al que estamos llamados: nacidos, creados para un abrazo inimaginable, para un encuentro eterno, el de cada uno con nuestro Creador y con los demás que gozan de la visión de Dios, en la hermosa afirmación de nuestro Credo sobre la comunión de los santos.

La Semana Santa que viene, Dm, contaremos con una nueva imagen del Resucitado, un signo del Año Jubilar de la Esperanza, que terminamos el año pasado, y que nos permitirá mostrar públicamente la victoria de Cristo y, por tanto, nuestra victoria.  

Hay otro encuentro, que es el que expresa la palabra Hermandad. El nombre de Hermandad aplicado a las Cofradías no es un mero nominalismo, es un recordatorio que brota de la unidad que debe caracterizaros, una exigencia capaz de superar posibles obstáculos en la relación habitual. Del mismo modo que no podemos contraponer una escena de la pasión a otra, porque forman parte de la misma secuencia de salvación, tampoco podemos hacer de las cofradías compartimentos estancos, en confrontación con el resto, porque representáis un todo en la exposición de la entrega de Cristo.

Y lo mismo se podría decir con el resto de Hermandades y Cofradías de la ciudad y de otros lugares.

El tradicional encuentro de Cofradías del primer domingo de Cuaresma (este año en Pradejón), es un signo bien hermoso de la relación fraterna que debe caracterizar a los cofrades.

Finalizo con un último encuentro, es el que tuvo lugar el pasado sábado 14 de marzo en la Parroquia de Sta. Teresita: la recepción de los pasos de las cofradías de la Flagelación y de la Entrada de Jesús en Jerusalén, lo que supone el comienzo de una nueva etapa en la vida de la Hermandad de Logroño, un proyecto de futuro que pretende acoger y acompañar la vida cofrade en su desarrollo.

Esta novedad en el ámbito de las cofradías y de la vida parroquial es una ocasión para a organizar entre todos las actividades de la parroquia y hacer de este lugar un ejemplo de convivencia y de testimonio cristiano. Pedimos por ello.

Que sigamos encontrándonos, camino del encuentro final y gozoso del cielo. Que esta Semana Santa sea una nueva ocasión para volver a reconocer que, por mí, por cada uno, el Señor se entregó sin medida.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo…


[1] Cor ad cor loquitur (El corazón habla al corazón), n.38.

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