Con motivo de la campaña del Domund he tenido la ocasión, un año más, de saludar a nuestros misioneros riojanos, hombres y mujeres, repartidos por los lugares más insospechados de nuestro mundo, junto a los más de 5.500 misioneros españoles, hombres y mujeres, que se afanan en transformar nuestra sociedad con la enseñanza y práctica del Evangelio, en los lugares más olvidados del planeta, en unas condiciones que muchas veces no nos imaginamos.
Aprovecho esta página de Pueblo de Dios para difundir el agradecimiento que os debemos a todos los que os habéis lanzado a tantos lugares lejanos con el afán de acercarse a los necesitados de evangelio y de toda la dignidad humana que lleva consigo el mensaje cristiano, con frutos en el interior de las personas, con una nueva mentalidad, y una mejora en las condiciones en las que viven, que contribuyen a hacer la vida más humana.
Reproduzco en los siguientes párrafos lo ya publicado en la campaña del Domund de este año en nuestra Delegación de Misiones, que trabaja para sensibilizarnos en la realidad misionera con diversas actividades materiales y espirituales, y nos informa de lo que ocurre en el mundo de la misión.
Aunque estos días pondremos la mirada en la campaña del Domund, afortunadamente tan inserta en nuestro calendario, sabemos que vuestra campaña se desarrolla a lo largo de todos los días del año, uno tras otro. Vosotros, junto con las personas favorecidas con vuestra tarea, podéis contemplar la labor desarrollada en las diferentes misiones en las que
habéis participado o seguís participando desde que llegasteis. Algunas las empezasteis vosotros, otras las empezaron o las continúan otros. El caso es que al igual que el Señor, al contemplar su obra tras la creación, “vio que era bueno”, vosotros también habréis podido apreciar muchas veces esta sensación, en ocasiones tras la reconstrucción del paso trágico de la naturaleza o de la mano del hombre violento.
Solo vosotros y las personas que conviven con vosotros sabéis por qué viven allí, y no han decidido emigrar, gracias a vuestra entrega a la hora de mostrarles el Evangelio y las obras que lo acompañan, que afectan integralmente a cada persona, y al conjunto de una comunidad. Digo esto, porque cuando se habla de invertir en los países de origen como una de las responsabilidades de occidente para ayudar a otros países y evitar así las migraciones forzosas, la Iglesia lleva trabajando en los cinco continentes durante generaciones, asentando unas condiciones de vida que permiten mantener las poblaciones en su propio ámbito. Lo dijimos ya en el número anterior de Pueblo de Dios. Bien sabemos que este servicio en tantos países no se realiza como un elemento de contención, mirado desde un punto de vista meramente práctico y egoísta, sino como deseo evangelizador, algo que siempre se tendrá que agradecer a los que os habéis entregado y lo seguís haciendo en los países de misión.
Cuando se cumplen 100 años de la institución del Domund, vaya nuestro reconocimiento a vuestra labor, que seguimos encomendando y ayudando en la medida de nuestras posibilidades desde esta diócesis que os vio partir, y que os recuerda con afecto ante el Señor. Tenednos también presentes en vuestras plegarias y acciones a mayor gloria de Dios y de servicio a sus hijos.







