25 de enero de 2026
Hace poco escuchábamos en nuestra liturgia dominical que “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló” (Is 9,1-3). Tenemos experiencia de cómo ambas realidades, luz y tiniebla, se encuentran presentes en cada uno, en nuestros ambientes y sociedades, pero ciertamente echando una ojeada al mapa hoy, gran parte del mundo es lugar de “tierra y sombras de muerte”. La guerra se ha instalado en numerosos países y los conflictos armados, casi setenta, siguen sangrando a la población. Por otra parte, en los países sin conflictos armados, la paz tiene diferentes grados de presencia. Somos conscientes de la inestabilidad que soporta nuestro mundo, quizá también porque tenemos la capacidad técnica de tener un conocimiento más global e inmediato de lo que ocurre a nivel general.
Las distintas ambiciones (políticas, territoriales, energéticas, etc.) están detrás de muchos de estos conflictos, alimentados por las situaciones de injusticia que se producen en estos territorios.
Sin embargo, ante la desolación de las sombras, la Escritura afirma que “una luz les brilló”. Este es el verdadero estímulo que no brota de nuestra pericia, sino del cielo, un don que podemos secundar para iluminar la obscuridad que envuelve desgraciadamente tantas cosas bellas. La luz de la fe se abre a la esperanza y al ejercicio de la caridad para avanzar en todo lo que signifique dignidad humana, vida auténtica.
Como Iglesia Católica, la organización Manos Unidas está implicada en esta tarea de la siembra de la paz a través del trabajo paciente con todos los elementos que ayuden a la promoción de las personas, para luchar contra la pobreza, la desigualdad, la injusticia, etc., de forma directa y a través de la extinción de sus causas.
La evangelización de Manos Unidas tiene lugar facilitando la tarea de los evangelizadores en los lugares más recónditos de la geografía mundial, donde congregaciones, parroquias, asociaciones, etc., transforman la realidad en la que se encuentran a través de proyectos concretos en todos los ámbitos (educación, infraestructuras, alimentación, …), siguiendo los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.
Quien se haya encontrado con el cartel de este año, notará la mirada firme de una niña que cuchara en mano se dirige a quien la contempla pidiendo su implicación, con un lema que no deja lugar a dudas: “declara la guerra al hambre”, expresión que trae a la memoria los orígenes de esta organización.
Aceptemos el reto solícito de esta niña valiente que habla en nombre de los millones de personas que todavía hoy viven en la pobreza y la violencia. Seamos constructores de la paz contribuyendo con nuestra colaboración a que muchos necesitados se puedan beneficiar de los proyectos de desarrollo que permiten un futuro para zonas enteras.
La campaña contra el hambre organizada desde hace décadas por Manos Unidas el segundo domingo de febrero, y cuya colecta en las parroquias se orientará a este fin, no es la única acción que se realiza a lo largo del curso, aunque sea un momento fundamental. La actividad no cesa durante el año con aprobación de proyectos, visitas a los lugares afectados, actividades para su sostenimiento en todo el territorio nacional, relación con otras instituciones que buscan por los mismos fines, etc.
Un enorme gracias a todos los que permitís que Manos Unidas se pueda dirigir a los que caminan en tinieblas para que lleguen a experimentar el regalo de una luz que siembra la justicia y la paz.









