17 de septiembre de 2023
El sábado pasado, primer sábado tras el día 8 de septiembre, como anunciamos en su momento, tuvo lugar la peregrinación diocesana al Monasterio de Valvanera, para ofrecerle a la Virgen el plan pastoral que pretendemos poner en práctica a lo largo del curso. Agradecemos la presencia de todos los que os quisisteis desplazar hasta este emblemático rincón de nuestra geografía, para participar de una jornada festiva, en la que hasta el buen tiempo puso de su parte. Es de agradecer igualmente a todos los que colaboraron de diversa forma para llevar adelante la propuesta del día. Seguro que hay muchas fotografías circulando entre nuestros contactos, signo de lo que allí vivimos.
En la página web de la diócesis (www.iglesiaenlarioja.org) se puede encontrar dicho plan pastoral, las fechas más significativas del año con las diversas propuestas y una motivación que introduce los distintos objetivos y acciones programadas. Esta misma revista, Pueblo de Dios, se encuentra alojada en la página web, y está disponible en papel en las parroquias, con el ánimo de que todos estén al tanto de lo que va ocurriendo en la diócesis. Además, ya saben que si quieren recibir en el móvil la información diocesana pueden enviar un mensaje a nuestro WhatsApp (639 893 087) solicitándolo, y se les enviará todo lo que se vaya difundiendo, como ya lo disfrutan cientos de personas. Para los que estén familiarizados con las redes sociales, allí nos podrán encontrar también.
Merece la pena que hagamos el esfuerzo por estar informados de lo que va aconteciendo en nuestra Iglesia particular, que quiere permanecer atenta a lo que sucede a nuestro alrededor y pretende dar razón de su visión de las cosas.
Con el deseo de avanzar con esperanza, y no desanimarnos ante las dificultades, hemos vuelto a escuchar las lecturas que esta jornada litúrgica de la Virgen de Valvanera nos ha presentado.
El entusiasmo del salmista nos hizo desear la misma experiencia: “¡Qué alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor!”. Esta afirmación expresa la confianza de acudir a Dios, sabiendo que se encuentra en todos sitios, en nuestros templos, en nuestras comunidades, en cada prójimo, etc., y salir fortalecidos de esta relación de fe.
Una fuente de alegría es la consecuencia de la posibilidad de la transformación, la esperanza del cambio, en uno mimo, en la realidad en la que nos movemos, en los demás.
Es el mensaje que nos mostraba el profeta Isaías: “el desierto y el yermo se regocijarán (…) porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque; lo reseco, un manantial”. Lo imposible aparece como posible con la acción de lo alto. Las diversas transformaciones, que las recibiremos como un verdadero don de Dios, buscan nuestra colaboración, nuestra libertad, que se compromete y se arriesga en una causa concreta. Ese ha sido el testimonio de la Virgen en el evangelio de las bodas de Caná. María, observadora, sensible para detectar la deficiencia y resuelta para ofrecer una solución, se confía en su hijo Jesús, para ayudar a aquellos recién casados.
Queremos imitar esta actitud, estar presentes de un modo activo allí donde nos encontremos para que la alegría que brota de la esperanza cuaje en acciones de bien. Que el plan pastoral que ahora comienza a los pies de la Virgen sea ocasión para ello: “eso que hemos visto y oído os lo anunciamos”.








