Ante el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo de este 28 de abril, la Iglesia española lanza un llamamiento profético para erradicar la precariedad laboral, priorizar la salud mental y devolver la dignidad a los trabajadores más vulnerables.
En un momento histórico en el que el cansancio parece haberse convertido en el paisaje cotidiano de nuestros barrios y ciudades, la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha alzado su voz con un mensaje tan contundente como necesario: “La dignidad humana no es negociable: Es tiempo de justicia, ¡es tiempo de un país que cuide!”. A las puertas del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, que se conmemora el próximo martes 28 de abril, los Departamentos de Pastoral de la Salud y de Pastoral del Trabajo han publicado una profunda reflexión conjunta que denuncia el “escándalo ético” de un sistema económico que desgasta la vida en lugar de sostenerla, invitando a la sociedad a abrazar una auténtica ética del cuidado.
La precariedad estructural: una herida profunda y visible en la sociedad de 2026
El documento pastoral, titulado precisamente “Es tiempo de un país que cuide”, no rehúye la dureza de los datos actuales, apoyándose en la irrefutable evidencia para interpelar a las instituciones, los sindicatos, las organizaciones empresariales y la ciudadanía. La precariedad laboral, señala el texto, ha dejado de ser una excepción para convertirse en un sistema estructurado que “corroe la vida común”.
Según se destaca en la nota, fundamentada en el reciente Informe PRESME 2025, el 47,5% de los trabajadores sufre algún tipo de precariedad. Una realidad desoladora que impide a casi la mitad del país construir un horizonte vital con seguridad. La CEE recuerda que el trabajo no puede ser jamás una «herramienta de erosión humana», y alerta sobre la alarmante transformación del mercado laboral en un generador de pobreza institucionalizada. Tal como refleja el Informe FOESSA 2025, la dolorosa paradoja de nuestro tiempo es que tres de cada cuatro hogares en situación de exclusión severa cuentan con personas trabajadoras. Trabajar, trágicamente, ya no garantiza salir de la pobreza.
El rostro oculto del sufrimiento: mujeres migrantes, salud mental y siniestralidad
El pronunciamiento eclesial pone nombre y rostro a las principales víctimas de este sistema implacable, iluminando las realidades que a menudo quedan relegadas a los márgenes:
- El drama de las mujeres migrantes: La CEE califica de “escándalo ético” que el 90% de las mujeres jóvenes migrantes empleadas en trabajos manuales vivan en precariedad severa. Ellas, que limpian hogares, cuidan de los ancianos y sostienen el sector servicios, sostienen la vida de nuestra sociedad a costa de la negación de sus propios derechos básicos.
- La crisis de la salud mental: La precariedad enferma. El riesgo de sufrir problemas psicológicos se multiplica por 2,5 bajo condiciones de inestabilidad severa. La Pastoral de la Salud advierte que este sufrimiento no es una debilidad personal, sino la herida invisible de una economía acelerada que ha olvidado cómo cuidar.
- La tragedia de la siniestralidad: Las cifras son desgarradoras. Durante el año 2025, 735 personas perdieron la vida en accidentes de trabajo. La Iglesia subraya que no son meros números estadísticos: “Son familias truncadas por una cultura que antepone la rentabilidad a la prevención”.
El magisterio social frente a la crisis: en sintonía con el Papa León XIV
Esta rotunda defensa de la dignidad del trabajador por parte de la Iglesia española entronca directamente con la más rica Doctrina Social de la Iglesia y con el magisterio del Papa León XIV. Desde su elección en mayo de 2025, el Santo Padre ha recordado incesantemente a nivel internacional que “el mercado debe servir a la persona y no la persona al mercado”. La CEE hace eco de esta vocación universal al subrayar que gobernar es, en su esencia, cuidar.
“Un trabajo que cuida contribuye a la restauración de la plena dignidad humana”, destaca el texto. Las empresas que asumen este paradigma no solo son más éticas, sino profundamente más humanas y, a largo plazo, más sostenibles. La lógica del máximo beneficio a cualquier precio debe rendirse ante el valor sagrado de la vida.
Exigencia de políticas valientes y compromiso colectivo
Los directores de los departamentos implicados, D. José Luis Méndez (Pastoral de la Salud) y D. Antonio Javier Aranda (Pastoral del Trabajo), concluyen su mensaje con una serie de exigencias claras e ineludibles para la esfera pública:
- Garantizar estabilidad real en la contratación.
- Asegurar salarios suficientes que permitan una vida digna y el desarrollo familiar.
- Establecer una inspección de trabajo robusta y efectiva.
- Integrar plenamente la protección de la salud mental en la prevención de riesgos laborales.
El cuidado, reitera la Conferencia Episcopal Española, no es una opción secundaria o un lujo reservado a tiempos de bonanza; es la base misma de una comunidad sana y la mayor y más urgente forma de justicia en nuestro tiempo.
El lema impulsado por la Conferencia Episcopal Española (CEE) es “Es tiempo de un país que cuide”, un llamamiento urgente a erradicar la precariedad laboral y poner en el centro la dignidad y la salud, especialmente la mental, de los trabajadores.
La CEE denuncia como un «escándalo ético» que el 90% de las jóvenes mujeres migrantes en trabajos manuales o de cuidados sufran una precariedad severa, sosteniendo a la sociedad sin que se reconozcan sus derechos más elementales.
Apoyándose en el Informe PRESME 2025, la Iglesia alerta que vivir en condiciones laborales de precariedad severa multiplica por 2,5 el riesgo de sufrir problemas psicológicos, calificando este hecho como la «herida invisible» de nuestro sistema laboral.








